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jueves, 25 de junio de 2009

Lo imprevisible. Dolores Aleixandre

Alandar. Leo que un político colecciona en una libreta frases tópicas de las que aparecen en los periódicos: necesidad imperiosa,...

....lujo asiático, recuerdo imperecedero, cese fulminante, defensa numantina, escote generoso… Me parece buena idea y a todos se nos estarán ocurriendo otras muchas tipo pertinaz sequía o espectáculo dantesco. También se podrían coleccionar gestos tópicos y esperables: ahora Nadal morderá la copa que acaba de ganar, ahora los gobernantes emitirán un comunicado de enérgica repulsa, ahora el eclesiástico recién promovido a alto rango declarará que le ha pillado por sorpresa, que no se lo esperaba y que se siente indigno.
La liturgia católica también dispone de fórmulas previsibles y tópicas: Dios es siempre “todopoderoso y eterno”, casi todas las oraciones acaban con un “por los siglos de los siglos” y al oír: “el Señor esté con vosotros” contestamos sin vacilar: “y con tu espíritu”. Y está bien, y resulta hasta descansado que sea así porque no vamos a estar inventándolo todo cada vez.
El peligro está en sacar la conclusión de que todo lo del Evangelio es así de estereotipado y leer sus textos como previsibles, normales y despojados de su potencial de sorpresa, una vez redondeadas sus aristas y limadas sus puntas, como hacen los ganaderos con las astas de los toros. A partir de ahí, las palabras, reacciones o gestos de Jesús, en su momento insólitos y desconcertantes, nos resultan ahora acostumbrados y predecibles y los archivamos ordenadamente en una carpeta de nuestro imaginario que volveremos a abrir al llegar de nuevo el tiempo litúrgico correspondiente. Reaparecen entonces mansa y convenientemente domesticados, incapaces ya de amenazar nuestra tranquila seguridad ni de alborotarnos el asombro: Jesús ya no nace en una cuadra sino en el “portal de Belén” con su buey y su mulita; la jofaina con agua sucia que acarreó aquella noche se difumina frente a la artística jarra que se usa en los Oficios; la escena desgarrada del Calvario es ahora un colgante chapado en oro en el escaparate de una joyería. Y como se muere pero en seguida resucita, allá vosotros, pero yo me voy a la playa que dicen que este año va a hacer bueno.
Nada de lo suyo había sido previsible: perder sus mejores años haciendo chapuzas en una aldea, rodearse luego de una cuadrilla de incompetentes, decir que el que pierde gana, elegir una bicicleta (o un burro que viene a ser lo mismo) en vez de en un coche oficial blindado, quedarse con los suyos partiendo el pan cuando aún estaba a tiempo de huir, dejarse arrastrar por las calles como un delincuente, aguantar con su extraño amor hasta el final. No es de extrañar que los que pasaban ante su cruz menearan la cabeza y comentaran: “Hay que ver qué final tan desastroso el de este pobre chico. Se estaba viendo venir y es que lo que mal empieza, mal acaba. Mira a dónde ha ido a parar tanto ocuparse de otros, tanta utopía y tanta solidaridad, y ese ajetreo de vida de acá para allá y rodeado de gentuza, que parecía un feriante. Y tanta matraca con lo de Dios y el Reino y con lo de mirar los pájaros y los lirios…; toma ahora reinado y toma lirios, y a ver dónde está ese Padre del que tanto se fiaba. Más le hubiera valido preparar unas oposiciones, comprarse un piso y asegurarse el futuro. Ahí le tenéis desnudo, que no le ha quedado ni la túnica, y lo único que es capaz de dejar es su último aliento, menuda herencia…”
Pues sí, precisamente ésa es la herencia que nos ha dejado. Él ya sabía de nuestra torpe memoria, de nuestra habilidad para acostumbrarnos a su Evangelio y desactivar su memoria peligrosa. Por eso nos envía su Espíritu, para crear en nuestras vidas regidas por la previsión y el acomodo, alarma, estupor, conmoción y sobresalto. Un Espíritu que desata miedos, suscita audacias, sacude desánimos y provoca locas esperanzas. Sus cómos no son previsibles, pero ahí está la gracia: en creer que lo suyo es renovar la faz de la tierra.

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miércoles, 3 de junio de 2009

Flaqueza evangélica

pastoralsj. ¿Cómo llamarme cristiano cuando a veces me descubro tan alejado de Dios, tan egoísta con la gente, tan frío en la fe? ¿Cómo hablar de amor cuando a veces mi corazón alberga desprecio o indiferencia?

¿Cómo amar a un Dios que a veces se me oculta?Pareciera que para vivir el evangelio hay que ser gente virtuosa, paciente, buena, sólida, firme, coherente a ultranza… ¡Vamos, un mirlo blanco! Parece que hay que tenerlo todo claro, o al menos tener muy claro lo esencial. Pero en realidad esa es una de las paradojas del evangelio. Descubrir en nosotros una debilidad fecunda, una flaqueza invencible, una contradicción sedienta de algo firme. Y ahí, en esa tormenta, avanzar sin rendirse, sabiendo quién nos sostiene…


1. No se trata de ser mediocres
“Sus jefes juzgan por soborno, sus sacerdotes predican a sueldo, sus profetas adivinan por dinero; y encima se apoyan en el Señor diciendo: ¿No está el Señor en medio de nosotros?”
(Miq 2, 11)





Que ahí está la trampa: Justificar, en nombre de la debilidad tan humana, el vivir un poco a medias. No somos perfectos, y jamás lo seremos. Somos limitados, pecadores y muy frágiles.Pero eso no ha de convertirse en un canto la mediocridad o a la tibieza. ¿Y en qué consiste esa tibieza? El amor sin raíz. La fe sin preguntas ni Dios. Los encuentros sin historia. Las fachadas sin trastienda. Los errores sin importancia. Las palabras sin contenido real. Los verbos que solo se conjugan en primera persona. El juicio sin misericordia. * A veces uno tiene que examinarse y exigirse un poco en la vida. ¿Dónde tengo que crecer yo? ¿Cuáles son mis “tibiezas”?



LEYENDA
Vivió sin alma,
con agua en las venas,
con una risa demasiado fácil,
con nada en las lágrimas.
Sólo amó a un espejo.
Nunca persiguió un sueño
que pudiera fallarle.Cada vez que apostó
iba sobre seguro.
Amuralló su vida
con certidumbres insulsas,
con rutinas
que nunca le dejaron
asomarse al silencio,
al vacío, a la nada, al Todo.
Nadie le hizo tanto daño
como para enseñarle a perdonar.
Miró hacia atrás,
en un instante de lucidez
y aunque en sus entrañas
nacía un lamento
por la vida sin vivir,
se dijo: “Es tarde”
¡Pero nunca es tarde!
José María R. Olaizola, sj




2. Se trata de ser humanos
“Yo le dije: “¡Ay, Señor mío! mira que no se hablar, que soy un muchacho”.
El señor me contestó: “No digas que eres un muchacho,
que a donde yo te envíe, irás, lo que yo te mande, lo dirás.
No tengas miedo, que yo estoy contigo” (Jer 1,6-7)




Humanos en la debilidad. No exigirnos una perfección irreal. No mitificar nuestras capacidades ni querer ignorar lo contradictorio de nuestras vidas. Aceptar que el amor a veces duele. Que el compromiso a veces cuesta. Que habrá días en que la generosidad no asoma por ninguna parte, y episodios en que las lágrimas campen a sus anchas.Se trata de darse cuenta de que la propia vida no es un cuento infantil, sino más bien una historia con la complejidad de las historias humanas, con alegrías y tristezas, con aciertos y errores, con preguntas y respuestas (y alguna que otra pregunta sin respuesta). Eso sí, sabiendo que en esa debilidad, y en Dios, somos fuertes de un modo bien diferente.* ¿Cuál es mi debilidad, tan humana, en la manera de vivir el evangelio? ¿Soy capaz de acoger con tranquilidad esas dos caras de la vida?




INTENTA
Intenta
tentativas,
experimentos
transformaciones,
escapes
huidas
descargas
liberaciones,
cambios
mutaciones
meditaciones
hasta que te gustes
a ti mismo
y en un trozo
del espejo
que rompistete
verás desnudo,
envuelto
en un sudario
de paz.
Gloria Fuertes

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